El don de la amistad

Tal vez uno de los dones más preciosos de la vida, es el de la amistad. A lo largo de los años, junto a nosotros, a lado nuestro, los amigos se transforman en la fortaleza de un lazo espiritual que muchas veces es tan fuerte como el vínculo de sangre. Los amigos son imageaquellos seres magníficos que conociendo nuestras deficiencias temores y errores, nos estiman a pesar de todo y nos valoran, no sin dejarnos escuchar su voz de prevención y de alerta que en ningún caso es mayor que la del afecto y solidaridad. Son ellos quienes conocen los pliegues de nuestra alma y que con generosidad nos abrazan tal y como somos, acompañándonos para ser mejores cristalinos, llenos de la energía vital que nos da la presencia de quienes amamos.
No necesitamos convocarlos cuando la angustia a la tragedia se han ensañado con nosotros, pues están en cuerpo y alma dotándonos de la fuerza de su cariño, compartiendo los días de sol y la tormenta, el fuego del hogar, la alegría, el pan y la carencia. A ellos, a los amigos, poder central de la magia de la vida, los llevamos en nuestro corazón, como el nuestro siempre está con ellos.

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