No hablaré de lo que ignoro

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La lengua es a veces tan inquieta que se atreve a pronunciar afirmaciones y criterios que no tienen asidero alguno. Hablamos, con gran soltura, sobre lo que desconocemos, emitimos palabras que no están sujetas a la realidad, a veces por hacernos notorios, en ocasiones por llamar la atención, o simplemente porque nos creemos   en la libertad de opinar sobre temas acerca de los cuales no tenemos verdadero conocimiento.

Esta es una gran equivocación, pues el decir la verdad debe ser la conducta que selle nuestro carácter de personas íntegras, porque si queremos opinar sobre algo, debemos estar completamente enterados, más aún si lo hacemos frente a un grupo de personas o a un medio de comunicación. Difundir rumores falsos o pensamientos simplemente individuales no nos traerá otra consecuencia que el desprestigio, la desconfianza o peor aún, que con sobrada razón se nos tache de mentirosos, superficiales o desprovistos de escrúpulos.

Por lo tanto no debemos hablar sobre aquello que ignoramos.

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