Tarde de Verano

La azul intensidad del cielo de Quito en verano, absorbe la gloria del sol radiante de la Mitad del Mundo, mientras el descarado viento frío estremece la vegetación fatigada de las calles y avenidas.

pichincha

La mole del Casitagua se recorta nítida con la desafiante humildad del otrora árbol solitario que hoy se ve acompañado por jóvenes brotes que avanzan presurosos montaña arriba queriendo imitar la majestuosa grandeza del emblemático eucalipto.   El contorno definido de los cerros de La Marca adusto y gris señala y abre el camino hacia el Noroccidente de Pichincha en perfecta armonía entre la naturaleza y los ojos que la contemplan.

Sobre el valle equinoccial surcan las ligeras y multicolores cometas de los estudiantes en vacaciones en un canto a la vida de los años más preciosos. Las horas discurren en la ciudad del sol recto, mientras el tráfico fragoroso, la contaminación y el estrés parecen haber quedado olvidados en esta tarde de verano coronado por la floración mágica de los arupos, perfumada de la esencia de eucalipto y magistralmente recostada sobre Quito que se acurruca en su embrujo como un gigantesco diamante de miles de aristas relucientes, reproduciendo cada una de ellas el inobjetable cielo infinito.

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