El Odio

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Que mi corazón sea resguardado del odio. El odio me envilecerá más que aquellos que me han causado o tratado de causarme daño, porque es un gusano silente y sigiloso que va carcomiendo las entrañas, destilando un amargo veneno que destruye y enferma el cuerpo y el alma. El odio engendra el temor y la obsesión y se fija en nuestra mente, de tal manera que a cada instante reproduce la imagen que tememos y así dotamos al mal y a nuestros enemigos de un indiscutible poder, porque perpetuamos su presencia sobre nosotros mismos en lugar de desecharlos o despreciarlos.

El odio nos mutila la visión serena de la realidad, el equilibrio y aniquila el horizonte de nuestro propio desarrollo, haciéndonos desgastar energías que deberían ser aprovechadas en el crecimiento personal y espiritual que nos demanda la vida.

Que mi corazón sea resguardado del odio, que toda la bondad, la compasión, me bendigan y que no permitan jamás que el esplendor del amor, de la verdad y de la ética sean sustituidos por el odio, para que la existencia me sea grata y que el daño y la maldad que traten de ejercer sobre mí se encuentren con una invencible muralla de luz.

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