DÍA MUNDIAL DE LA LUCHA CONTRA EL CÁNCER

Cuando me comunicaron que el cáncer que padecía mi esposo había hecho metástasis sentí que una montaña de amarga desesperación se desplomaba sobre mí.

Él, ese hombre alto, fuerte, amante de la vida, incansable trabajador, siempre lleno de fe en la vida, amable y de corazón generoso era víctima de ese terrible mal. Lloré lágrimas de sangre porque sabía que la muerte comenzaba a avanzar con su paso de guadaña segando todo lo que entonces había sido nuestro propio y único jardín.

La vida empezó a cambiar, las energías de mi esposo se agotaban, caminaba lentamente y ya no pudo regresar a su adorado huerto de cacao, cada vez se alimentaba menos y el dolor comenzó a aparecer como insidioso serpiente reptando por todo su cuerpo.

Su mirada inteligente y viva cada vez parecía estar avizorando un mundo que yo no lograba comprender y hasta temía abrazarlo con todo la fuerza del amor pues pensaba que se podían quebrarse sus huesos adorados. Mi hija, mi médica y su ángel tutelar lo cuidó, lo mimó, le administró la medicina y lo acunó en sus brazos en los días finales.

El cáncer lo venció, como ningún enemigo lo había vencido antes y dejó en mi alma y en la de mi hija una secuela de dolor que no lograrán calmar los años y los hechos. Yo solo anhelo que éste ojala sea el último día de la espera para volver a encontrarme con el amado.

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