EL DÍA DEL AMOR

No tiene fecha porque es el deslumbrante relámpago que despierta al corazón, reverdece los años y galopa por la sangre haciéndonos sentir vivos, generosos, bellos y la vida se levanta en arco iris que florece en intensa primavera.

No importa la edad, los dolores y escarmientos pasados, la frialdad de algún otro encuentro que no representó sino un paréntesis.

El amor lo magnifica todo en una corriente subterránea de intensa luz que luego sale al encuentro a través de nuestros ojos para ver al amado en la majestad completa con que lo ve la divinidad. Es el encuentro de sentimientos únicos, a veces adormecidos, en ocasiones inexplicables y nos volvemos bravíos y cristalinos como la más pura cascada, para dar al amado el tesoro inapreciable de nuestra propia alma.

Todos son los días del amor, las horas del amor, los lugares del amor cuando se ama, porque esa llama tenaz se mantiene viva, lo ilumina todo y nos inmortaliza en la comprensión, en el respeto, en la veneración hacia al que amamos.

Benditos aquellos que conocen el amor… sin él, solo desierto, vendaval y estéril arena nos rodea.

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