SEMBRANDO AMOR

Toco la delicada planta de arupo,  cholán, tangaré, clavellín, rompo la funda plástica que sostiene sus ya vigorosas raíces y las siembro con reverencia,  apretando la tierra y el humus a su alrededor; cientos de personas me acompañan,  cada una de ellas experimenta el entusiasmo de proteger la vida  y contemplan con íntimo afecto a la planta jovencita que dejan allí establecida prometiendo cuidarla, regarla, mimarla, ojalá hasta poder contemplar la imponderable belleza de su floración. Yo beso cada hoja de la planta de arupo que entrego  a la fecundación de la tierra y la beso como habría besado la suave mejilla de Nelson Serrano, sus anchas manos de agricultor su pelo de seda y terciopelo porque sé que en ese árbol que siembro, él renace en su alma de oro y fuego que se proyecta hacia el gran sol central , en la savia, en el verdor, en la tenaz naturaleza y está vivo, presente, agricultor, sembrador, reforestador, en todas las manos que ese día trabajan conmigo en el Plan de Reforestación de Pichincha que lleva su nombre y su mensaje inmortal de comunión con la naturaleza.

 Miles de árboles son sembrados en memoria de Nelson Serrano  en Puerto Quito, en Pedro Vicente Maldonado, en todo el Noroccidente, su ardoroso paraíso, en la quebrada de San Antonio, en la Ciudadela Bicentenario, en Rumicucho y así continuamos por toda la Provincia de Pichincha, por su imponentes montañas, por su valles rigurosos, así seguimos demostrando en el nombre de Nelson Serrano que la muerte puede renacer en primaveras.

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