Llega el invierno

La lluvia en lágrimas de diamante empieza a besar nuevamente la ciudad. Las montañas que rodean a Quito recortan su silueta inmemorial  en el dudoso azul del cielo que poco a poco va desapareciendo  bajo el avance de las nubes planas y brillantes que anuncian que el verano ya inicia su despedida.

Con nostalgia contemplo el horizonte infinito, mientras el fragor del tráfico, los pitos y las voces anuncian  que la lluvia también es sinónimo de vida, de renacer de la hierba, de nuevas floraciones.

Los secos jardines cobran vida, los montes de visten de suave vellosidad verde luminosa, las hojas de los árboles relucen en gotas  que caen lentamente haciéndolas recobrar vida y la  cuidad entera recibe el manto de la lluvia como un mensaje de renacimiento y plenitud.

invierno

La nieve se apodera de la cima de las montañas, mientras  presurosos colegiales corren,  tomados de la mano de su madre, entre risas  y ternura simbolizando ellos también  que se anuncia primaveras tras el aguacero. Un sol pálido contempla la escena, mientras sus rayos apenas se atreven a asomarse. Ha llegado el invierno.

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