El Abuelo

Sentado en la banca de madera, en el parque engalanado por un frondoso molle, acompañado por misteriosos cholanes  de dorada floración, el abuelo contempla atento  los juegos y carreras de sus nietos, quienes gozosos se suben  a los juegos mecánicos o se persiguieron unos a otros mientras sus risas contagian todo el ambiente.

El abuelo oculta bajo su gorra de fieltro sus cabellos encanecidos  suaves de seda  y terciopelo;  sus anchas manos de venas resaltadas reposan sobre sus rodillas y en sus ojos  parece reflejarse el paso de la vida. Corazón  adentro galopan los recuerdos  y con la música de tiempos pasados mira el río de la infancia,  alejándose  al infinito como su propia existencia; sueños los juegos  de bolas  y vóley con pelota de trapo y lo atrapa la juventud exultante de universitario  rebelde,  de viajero incansable, de escritor empedernido y vienen en tropel los amores perdidos, los engaños, la dicha y los paisajes. Parece despertar entonces  y contempla  a los niños  y sonriendo al saber  cuanto amor ha dado, cuantos sacrificio, que tal vez solo él  conociera, cuantos días, cuantas noches forjando su destino de ayudar  siempre a los otros, cuantas montañas de incomprensión.

Sonríe….  sabe que su vida  ha valido y vale la pena  en cada minuto  que le queda le inunda la paz inmensa  de haber sido el mismo, a cada  instante  en total plenitud.

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