Volver a Oír

Hoy me visitó Doña Petrona Vega, una ancianita pequeña y muy delgada, su rostro totalmente surcado por arrugas poseía una ternura inmensa  como si la vida, a pesar de todo, con ella hubiese sido grata. Su blanco cabello se recogía en un denso moño dotándole de un cierto aire de una antigua y fascinante pintura. Ya había cumplido  cien años  y venía apoyada en el brazo de su hija que la conducía  con cariño.

Petrona  había disminuido notablemente  su capacidad auditiva  y seguía  con los ojos vivaces  y brillantes  la conversación   que manteníamos  con  sus acompañantes  como tratando de adivinar nuestras palabras, pero  parecía  desilusionarse  hondamente al no poder hacerlo.  Cuando colocamos el audífono  que había  sido donado para ella por Vista Para Todos, nos pidió  que le subiéramos el volumen  y entonces  al escuchar nuestras voces, se sonrió,  su rostro  volvió  a ser por instantes  el de la juventud  y  aplaudió  porque el mundo volvía a hablar de nuevo  para ella .

Cuando la abracé, sentí que toda ella temblaba  con la alegría del don de oír, al fin recuperado.

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