JOVEN WIL

 

JOVEN WIL

Sus grandes ojos húmedos y brillantes escudriñan cada paso que doy, como el más celoso acompañante protector; sus largas pestañas se proyectan en la sombra de su silueta peludita cuando salimos a dar un paseo a los pies del Casitagua.

Juguetón hociquea la hierba amarillenta o se sorprende ante el zumbido de las abejas coqueteando con las flores silvestres. A veces, luego de una larga caminata, se tiende bajo la refrescante sombra del gigantesco molle, y  se deleita con los sonidos de las hojas suaves por el viento.

Permanece soñoliento y luego se acerca para acariciar mis manos con su rosada lengua y en una sola mirada que me dice que está enamorado de los pencos, de las mariposas de alguna roca musgosa y que para él  la vida es un intenso recorrido  bajo el sol radiante y junto a mí, como buenos e indispensables compañeros.

Cuando llega la tarde y empieza a descender la neblina fría y densa del Pululahua, los dos nos sentamos juntos en el pequeño balcón  de la vivienda y contemplamos como montañas y eucaliptos  se ensombrecen, mientras comienza  a avanzar la noche  y siento la calidez del cuerpo pequeñito, cálido y amable de mi Joven Wil cuando las estrellas se van tomando todo el firmamento equinoccial.

 

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